En la cola de la caja:
Ahí estoy yo colocado en segundo lugar, no tengo mucha prisa. El tío de delante sube el último bulto a la cinta, se trata de un pack de botellas de agua, mi turno está cerca. De pronto alguien golpea en mi brazo, miro hacia atrás y se trata de una ancianita que porta una simple botella de aceite y que me mira con ojos de cordero degollado, una mirada muy distinta a la pelmaza de la cola de la charcutería:
-Perdona chico, ¡qué torpe soy!, me he tropezado con el montón de las cestas, la gente lo deja todo tirado por ahí y una es vieja y ya no regula.
-No pasa nada, señora. ¿Sólo lleva eso?
-Sí, es que ya vine ayer y se me olvidó cogerla y ya no me queda más en casa y hoy quiero preparar ...
Antes de que me machacara con su rollo:
-Pues si tiene eso sólo, pase, pase, que no tengo prisa -éstas cuando sacan la lengua a pastar no acaban más.
-Gracias, gracias, muchas gracias chico.
-De nada, señora -ya me empiezo a arrepentir, debería haberla dejado quedar detrás mío por pelmaza.
La señora coloca la botella de aceite en la cinta, la cajera la coge y busca el código de barras:
-Lo siento, señora, le falta una etiqueta, espere un momento que ya lo arreglo.
La cajera descuelga un teléfono y se pone a hablar con no sé quien. Mientras en mi interior el arrepentimiento inicial va dejando paso al cabreo.
La cajera descuelga el teléfono y se queda esperando y la anciana, claro está, no se queda callada:
-Venga niña, que tengo prisa, dentro de un rato me cierra la farmacia y tengo que pasar unas recetas que ... bla, bla, bla, ... -desconecto, no dejo de llamarme estúpido.
Un par de minutos después aparece una reponedora con otra botella de aceite, lleva la sudadera sucia y apestando a sobaco. Si ésto fuera un hipermercado seguro que vendría una patinadora de largas piernas, con 2 centímetros de maquillaje sobre su rostro y oliendo a algún perfume caro.
-Ahí tiene señora, su aceite.
-¡Ya era hora!, estas cosas antes no pasaban, ahora con estas modernidades no hay quien se entere. Todavía recuerdo al bueno de don Marcial, el tendero del barrio donde yo vivía, ¡se sabía de memoria todos los precios y te hacía la cuenta de cabeza, no le hacían falta estas maquinitas del demonio.
-Ya, ¿va a llevar algo más?
-Pues la verdad es que sé que se me olvida algo ..., ¡ah, si las tengo aquí al lado!, me faltaban las pilas, es que uno mis nietos tiene un magnetofón de esos juguete y se le han acabado las pilas, lo que pasa es que no sé de cuales lleva, ¿tú tienes idea de cuales pueden ser?, niña.
-¡Tierra trágame!, gritaba para mis adentros, no puede ser verdad, ésto no me puede estar sucendiendo a mí.
Mientras tanto la cajera sigue conversando con la vieja:
-Señora, no sé qué pilas necesita, pero esa que tiene en la mano seguro que no, es de las planas y sólo se usan para linternas.
-Ah, pues entonces no sé de cuales llevar ..., mira déjalo, otro día las llevo, total mis nietos esta semana no están, cóbrame el aceite solo.
-¿Quiere bolsa?
-No, no hace falta, traigo una aquí, pero no recuerdo dónde -la puta vieja se pone a rebuscar primero en los bolsillos, luego en el bolso, luego en los bolsillos otra vez y vuelta al bolso-, pues no sé dónde la habré metido.
-Pues mire en sus refajos igual es el último grito en lencería geriátrica -me dije para mis adentros.
-Entonces, ¿va a querer bolsa o no?
-Mejor no, cogeré una de aquellas cajas de cartón -dijo la putísima vieja antes de abandonar la cola y dirigirse a un transpalet cargado con varias cajas vacías.
-Ya está, me lo llevo dentro de ésta caja, así no se me cae, total las bolsas que tenéis son de mantequilla, son demasiado pequeñas y a la mínima se rompen.
-Son 4 euros y 30 céntimos.
-¡4 euros!, eso deben ser por lo menos 500 pesetas, mira, cuenta cuanto hay aquí a ver si llega y sino te doy lo que falte -dijo la dinosauria y acto seguido sacó una pequeña saquita de tela y vació su contenido encima de la cinta, ¡eran céntimos, era una saquita repeleta de monedas de uno y dos céntimos.
-A ver, ¡Venancia, ven a caja! -la cajera se había puesto lívida- 2, 5, 6, 10, ...
-Es que ahora los céntimos parece que no valen nada y se van juntando, juntando y ya ves. De todas todas 4 euros por una botella de aceite son muchos euros, todavía recuerdo cuando iba a la de don Marcial, llevábamos la botella de casa porque el aceite lo vendían a granel, por aquella valía 2 reales y era mucho mejor que éste, las cosas de ahora no son como las de antes.
En ese momento volvió la apestosa reponedora y ocupó la caja de al lado:
-Por favor, vayan pasando por aquí.
El tropel de gente que me precedía en la cola se cambió ipso facto a la nueva caja quedando yo solo detrás de la bastarda decrépita.
-Mira niña, que la moneda esa la contaste como de 1 céntimo y es de 2, no te vayas a confundir.
La cajera levantó momentáneamente la vista hacia la viejorra y la obsequió con una mirada asesina que la segunda no captó.
-Aquí hay, 2 con 84, le faltan 1 con 46. -la jurásica sacó de su bolso un monedero y se puso a hurgar en él.
-Pues ..., creo que no me llega, aquí sólo tengo una de 50 y otra de 20, el caso es que debería tener más ..., bueno, da igual, cóbrame de aquí -dijo sacando un billete de 5 más arrugado todavía que su repugnante cara.
La cajera, que tenía las venas del cuello tan hinchadas como las mías o más le cobró mientras que "Miss Senilidad" recogía los céntimos y los volvía a colocar en la saqueta.
-Ahí tiene el ticket, gracias.
-De nada, niña, ¿cuanto dijiste que había aquí? -le preguntó la uva pasa.
-No recuerdo, señora. -le contestó la cajera ya de bastante malos modos.
-¡Ayyy!, sin ahora, con 20 años, os olvidáis así de las cosas, no sé qué os pasará cuando lleguéis a mi edad, en fin ..., ¡dios mío !, ¡qué tarde es!, ¡que me cierra la farmacia!, ¡3 cuartos de hora para comprar una botella de aceite!, en estos sitios se sabe cuando se entra pero no cuando se sale.
Cogió la caja, la botella y salió apresurada, dejándonos a la cajera y a mí con ganas de convertirnos en asesinos de la tercera edad y de darle una nueva inquilina al cementerio parroquial.
En ese momento empieza a sonar esta canción (esta semana en El Responsable), que no templa mis nervios pero ayuda un poco.
¡NUNCA, NUNCA, PERO NUNCA, dejéis pasar a nadie delante en la cola de la caja.
Por cierto, a Calamaro se le ve bastante desmejorado, ¿no?
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7 comentarios:
XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Lo que me he podido reír ¡Y me sigo riendo! XDDDDDDD
Buenísimo, de verdad, me parto XD
La puta vieja, 45 minutos dice. Era para contestarle ¿Sólo?? ¡¡Porque se me ha hecho eterno, señora!!
Jajajajajajaja! De verdad, qué risa XDDDD
Entre tú y Tam, me matáis XDDD
He de puntualizar que todo esto está basado en hechos reales aislados sucedidos al autor en diferentes momentos.
A veces me compadezco de las pobres cajeras, dependientas o lo que sean.
que paciencia... y lo mejor, como muy bien puntualizabas... que la viejecita no se daba cuneta de nada...
que paciencia...
luego somos los jovenes los que nos portamos mal... pa flipar.
Rosquilleta es que los jóvenes somos los únicos que conducimos temerariamente (me tengo encontrado a algún viejecito a 40 por la autovía sabiendo que el límite mínimo es 60, eso es un riesgo para los demás, no siempre el no correr es seguro), nosotros conducimos ebrios, ellos no, claro, las copichuelas de coñac son para la digestión, etc, etc, etc.
Argggggggggggggggggghhhhhhhh
Menudo deja vu me acaba de dar al leer esto...
Argh, a veces parece que estas viejas están buscando la forma de que las maten antes de tiempo... ¿se podría considerar eutanasia??????
Salu2!!
Próximamente el meme, que me habeis invitado 2 personas ya...
Carabiru, ten cuidado, esta vieja puede ser una vecina tuya.
Ah, y es mejor meterlos a todos en un autobús con la excusa de una excursión del inserso y tirarlos por un terraplén.
ZP me estaría muy agradecido por las pensiones ahorradas.
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